Capilla Mayor – Presbiterio
Retablo Mayor
Este monumental Retablo Mayor barroco se ubica en la Capilla Mayor o presbiterio y será modelo para los retablos realizados en la primera mitad del siglo XVIII en Sevilla, sobre todo lo referido a los soportes de traza salomónica con diferentes variantes.
Se encuentra en el testero de la Capilla Mayor encabezando la nave de la Iglesia y con una acentuada verticalidad debido a la gran altura del muro. Posee una profusa ornamentación de tipo vegetal y querubines.
La autoría de esta monumental obra pertenece a Francisco de Barahona que lo ejecuta entre 1702 y 1704 continuando las directrices testamentarias planteadas por el capitán Andrés Bandorne, benefactor de la comunidad. Así mismo, intervienen en la obra Lucas de Valdés Leal como pintor imaginero y José López Chico como dorador. Este retablo sustituye al retablo primitivo, desagraciadamente desaparecido, que existía previamente realizado por Juan de Oviedo y Gerónimo Hernández.
Estructuralmente se encuentra dividido en tres cuerpos rematado por un ático, con dos calles laterales de menor anchura que la central. El banco del retablo o primer cuerpo actúa de soporte para el apoyo de las basas de las columnas salomónicas ubicadas en el segundo cuerpo y reposan sobre cuatro ménsulas con volutas donde se ubican parejas de angelotes.
Además existe una puerta rematada con arco en cada lateral, coincidiendo con el hueco existente entre las dos columnas del piso superior.
El segundo cuerpo continúa las tres calles del piso inferior. Es el cuerpo de mayor tamaño y relevancia y alberga las tallas más importantes del conjunto como la imagen sedente de Nuestra Señora del Rosario, también llamada Madre de Dios de la Piedad, nombre por el que se conoce al convento, y que preside el retablo. Esta imagen se encuentra cobijada en un camarín rematado con arco y flanqueado por doble soportes de columnas y pilastras y se encuentra mostrando al Niño Jesús sentado en su rodilla derecha.


La imagen data de 1571-1572 obra de Gerónimo Hernández realizada en madera policromada, gran dinamismo, y con una suavidad y dulzura en los rostros propias de su autor. Su original función y ubicación era el primitivo retablo, mencionado anteriormente, en el que figuraban también dos imágenes de Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Siena arrodillados, cuya ubicación actualmente es el coro bajo del convento.
El sagrario es del siglo XX, obra de orfebrería. En su puerta lleva las escenas de Emaús.
En la parte inferior del camarín se encuentra un medallón barroco albergando un altorrelieve de la Última Cena, con gran perspectiva enmarcado con formas curvas muy barrocas. A los lados, entre este relieve y el camarín de la Virgen se aprecian las imágenes de San José con el niño y Santa Ana y la Virgen. Y en las calles laterales del segundo cuerpo se ubican cuatro esculturas de San Pedro, San Andrés, santo Tomás de Aquino y San Vicente Ferrer. Todo este conjunto escultórico es de estilo barroco realizado por Francisco de Barahona ofreciendo un gran realismo naturalista.
El tercer cuerpo está presidido por una talla de Santo Domingo ubicado en una hornacina enmarcada por dos columnas salomónicas de pequeño tamaño. La escultura porta el hábito de la orden dominica, destacando más por este motivo que por la calidad de su ejecución. A los lados se sitúan las esculturas de Santa Rosa de Lima y Santa Margarita de Saboya enmarcadas por un arco de medio punto, continuándoles altorrelieves que representan el Bautismo de Cristoy del Milagro de la Porciúncula.




Aproximándonos al ático del retablo, nos encontramos con la escena del Calvario compuesta por Cristo en la Cruz, la Virgen, San Juan y la Magdalena, conjunto escultórico tallado por Gerónimo Hernández y realizado para el retablo primitivo. Sin embargo con la renovación del mismo, se mantuvo y se respetó esta talla. Data de 1571-1573 y está realizado en madera policromada, siendo el Cristo de tamaño natural, con una expresión serena y movimiento.
En la parte superior del grupo escultórico existía una imagen del Resucitado, siendo sustituida por el relieve del Padre Eterno que se halla actuando de cierre de todo el programa iconográfico de este espléndido retablo. El Resucitado hoy se localiza en el antecoro alto.


Esculturas yacentes
A cada lado de la Capilla Mayor destacamos las esculturas yacentes del siglo XVI. Representan a doña Juana de Zúñiga, siéndole concedido el patronato de la Capilla Mayor, y su hija doña Catalina Cortés, mujer e hija de Hernán Cortés respectivamente.
Cada escultura se localiza en una hornacina realizada en el muro, de color blanco y de aspecto sencillo, situándose doña Juana de Zúñiga en el lado izquierdo del presbiterio y su hija, Catalina Cortés, en el derecho, mirando hacia el Altar Mayor. Ambas esculturas son obra de Juan de Oviedo y de Miguel Adán, con mayor participación de éste último. Poseen un claro clasicismo y suavidad en su talla, muy característico de Gerónimo Hernández, tal y como reflejan las obras de él en este convento.
Realizadas en mármol de Génova y con un cojín tallado bajo la cabeza con una rica decoración. En el caso de doña Juana de Zúñiga, el ropaje que la viste se trata de un hábito religioso y un manto del que se visualizan los pliegues realizados en el mármol. Así mismo el cabello de ésta tiende a ser liso, mientras el de su hija presenta ondulaciones transmitiendo un aspecto más juvenil y expresivo ya que tenía 29 años cuando falleció. Va ataviada según la moda del momento, con amplio manto y una gola de ricos encajes, portando un libro devocional. En el interior de cada hornacina se aprecia también el escudo nobiliario de los Zúñiga, que en origen se encontraban policromados.
Además a cada lado del altar, aparecen de nuevo, dos esculturas orantes de Doña Juana de Zúñiga y su hija Catalina ubicadas recientemente y que son copias de las originales localizadas en el Claustrillo mudéjar de la Cartuja de Sevilla.


