Reflexión del Padre Vito Gómez O.P.
Reflexión del Padre Vito Gómez O.P.
I.- El libro del profeta Isaías se distingue por la fuerza con que transmite todo lo que se refiere a la esperanza en el Mesías (Isa 35, 1-6. 10). En el fragmento que hoy se proclama, perteneciente al llamado primer Isaías, hay una invitación a considerar las maravillas que se obran en la creación, repensar en la condición del hombre abierto la esperanza y ahondar en la acción de Dios autor de la creación y salvador del género humano.
II.- La llamada a la alegría está en el centro del fragmento que hoy se proclama. El gozo surge al descubrir el cambio de la creación hacia su hermosura, por ejemplo, el desierto, el yermo y la estepa dejarán su aridez y escasez de plantas, así como monotonía en su apariencia y se trocarán en verdaderos vergeles, donde crece yerba, surgen plantas, se abren las flores, se elevan árboles, algunos con fruto, brotan aguas… Todo se mudará hacia la perfección. Se adivina que la misma creación prorrumpe en cantos de júbilo.
III.- A los seres humanos, lastrados por tantos géneros de enfermedades, muy penosas todas, se nos invita en la profecía a confiar en un cambio, también a mejor. La debilidad se convertirá en fortaleza, el decaimiento en ánimo, solidez y firmeza, la inquietud en serenidad.
Verán los ciegos, andarán los paralíticos, «saltarán como corzos los cojos», oirán los sordos, volverán a su tierra los deportados entonando cánticos de exultación, quedarán atrás los miedos, temores, sufrimientos y disgustos.
IV.- ¿Cuál es la causa de semejante cambio en lo creado y en los seres humanos? –La respuesta está en Dios que, desde su infinita grandeza, se vuelca en el cuidado de las obras de sus manos y en la salvación del hombre.
Dios que es el único ser que puede hacer milagros y los hace, podemos pensar que siempre con una finalidad: la de atraer con su amor a la verdadera alegría, felicidad y gozo.
A descubrir su «gloria», es decir, su perfección absoluta, auxilio sin fronteras, atención a todos, llamada universal a la salvación como hijos suyos.
En una palabra, es el único que puede hacer el milagro de nuestra conversión a él por, los méritos de la encarnación de su Hijo, Jesucristo.
V.- Por medio de Jesús, el Salvador, estamos llamados a peregrinar hacia el fin de la contemplación de la gloria de Dios, algo tan maravilloso que san Pablo lo expresa con estas palabras: –«Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que lo aman» (I Cor 2, 9).
A Jesús nos dirigimos de manera especial en este Adviento para que la obra de su salvación profundice cada vez más en nosotros, se afiance nuestra fe, la paciencia en la espera porque él mantiene su fidelidad eternamente, sale al paso con su providencia, no hay mal que se le resista a transformarlo en resurrección gloriosa (Sal 145).
¡Bienaventurado el que no se escandalice de Jesús! (Mat 11, 2-11).
FELIZ DOMINGO III DE ADVIENTO!
