«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo» (2 Re 4, 16a)

Reflexión del Padre Vito Gómez O.P. | Domingo XIII del Tiempo Ordinario, 28 junio 2026

I.- El texto con el que termina la primera lectura de este domingo, tomada del segundo libro de los Reyes, es una profecía de recompensa por el comportamiento que tuvo una mujer de Sunem con el profeta de Dios Eliseo.
Está claro que este personaje de conducta ejemplar no podía prometer cuanto no estaba en sus manos, porque superaba del todo sus posibilidades.
La promesa parte de Dios por medio de su mensajero.

II.- El tema de la retribución está en el centro del mensaje que hoy se dirige para nuestras reflexiones. De una manera u otra, seamos sujetos activos o pasivos, todos necesitamos recibir, al igual que no hay nadie que esté dispensado para dar.
En virtud de un contrato de trabajo, ambos contrayentes se obligan a dar y ambos se comprometen a ser recompensados.

Aunque no se trate de contratos, unos dan y otros reciben. Ahora bien, al que recibe, no se le dispensa del ejercicio de retribuir a quien le dio y a muchos más y de múltiples modos.
Es un principio fundamental para que exista una sociedad verdaderamente humana.

III.- Solo Dios es el dador universal y todos los demás seres somos receptivos, sin que jamás podamos devolver plenamente lo recibido. Sin embargo, del retorno no estamos exentos.
Todo lo contrario, hay una llamada universal a retornar. Por ejemplo, el grano de trigo sembrado en la tierra, emprende muy pronto el camino del retorno hasta que, pasados unos meses, reintegra con creces lo recibido del sembrador.
La naturaleza es un libro abierto para quien se esfuerce por leerlo.

Hay una diferencia entre el sembrador y el Creador. El sembrador está fijo en alcanzar una retribución por sus esfuerzos.
Dios, por el contrario, todo lo da sin interés alguno por su parte, porque nada necesita y nadie puede añadirle en su ser y perfecciones. Es el origen y fuente de cuanto existe.

IV.- Se invita en las lecturas de este domingo a estar siempre y todos en sincera actitud de dar, a Dios y a los demás.

¿Cómo dar a Dios? ——Nos ayuda a dar una respuesta el salmo 88, responsorial: alabando y hasta cantando sus misericordias, anunciando su fidelidad, dando gracias porque tenemos recursos para aclamarlo, y nos ha enriquecido e iluminado con la luz de su rostro. Porque el Señor es el artífice de que en nuestro interior pueda haber gozo descubriendo las metas de la santidad. Porque la fuerza, el poder para lo divino nos viene de él, porque es siempre para nosotros escudo, orientador y amparo.
Se indican todavía más modos de «dar a Dios», al que se da sin miras a recibir.
Reconociendo lo que es más esencial en su desbordamiento hacia nosotros, que es el amor. El amor hacia él ha de estar por encima de todo (Mt 10, 37-42).

VI.- Para que lo entendamos bien ha descendido a unas comparaciones que en pleno humano son las superiores: padres y madres, hijos e hijas. Nos hacemos dignos poniendo a Dios por encima de todo. Además, «el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí».

VII.- ¿Cómo ha de ser el amor hacia los demás? —— Recibiendolos, porque en todos está Dios, por una disposición de atender hasta en los mínimos detalles.

La recompensa, aunque no viniere de los hombres, viene de Dios: Se da como paga, dará recompensa de profetas y de justos. Nunca se perderá la recompensa por dar.

FELIZ DOMINGO

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